jueves, 15 de mayo de 2008

Amor / Elkin Restrepo

A dentelladas
El amor
Bebió y comió de él
Su piel hecha un asco
Sus miembros desperdigados
Su agónico resoplar de bestia
Fue lo único que sobrevivió
Al asalto
No bastaron las entrañas
Ni que su corazón
Supiera amargo
El amor mordió hasta los huesos
Y cuando esperaba
Que con esa vida cobrada
le fuera ya suficiente
Vio cómo terrible e insaciado
El amor
Se levantó y
hociqueó entre los astros.


Elkin Restrepo
Nació en Medellín. Poeta y narrador. Dirige actualmente la Revista de la Universidad de Antioquia y la revista de cuento Odradek.
Retrato de artistas (1983), Absorto escuchando el cercano canto de sirenas (1985), La dádiva (1990), Lo que trae el día (2000), La visita que no pasó del jardín (2002), Luna blanca (antología, 2005). Amor es un poema inédito.

El que nunca traspasa ciertos límites...

El que nunca traspasa ciertos límites

ni incurre
ni comete
ni transgrede
ni encubre
ni viola
ni vulnera
ni delinque
ni incumple

El que nunca traspasa ciertos límites

ni cruza
ni penetra
ni se interna
ni explora
ni alcanza
ni consigue
ni descubre
ni llega
El que nunca traspasa ciertos límites.
Jesús Muñárriz.
Poeta, traductor y ensayista español, nacido en 1940.
Fundador y director de Ediciones Hiperión.
Ha traducido al español, entre otros, a Hölderlin, Rilke, Celan, Aragon, Wilde, Shakespeare y Pessoa.
Viajes y estancias, 1975. Cuarentena, 1977. Esos tus ojos, 1981, Otros labios me sueñan, 1992. Corazón independiente, 1998. Peaje para el alba, 1972-2000 y Disparatario, 2001.

martes, 4 de diciembre de 2007

Philip era feliz.

De la misma manera que el tejedor iba tejiendo su dibujo sin otro fin que la satisfacción de su goce estético, debía vivir el hombre su propia vida; y si es necesario creer que las acciones no dependen de nuestra voluntad, nada impide considerar la vida como un dibujo. Pero no existe en ésta ni necesidad ni inutilidad: sólo la satisfacción personal. De los múltiples acontecimientos de la vida -acciones, pensamientos, sentimientos- se podía hacer un dibujo lineal, complicado o artístico. Y aunque el libre albedrío no fuera otra cosa que una ilusión, un fantástico juego en el que las apariencias estuvieran entretejidas con reflejos lunares, no importaba gran cosa. En el curso de la vida -río sin principio que corre hacia un mar irreal-, partiendo de la inutilidad de la existencia, un hombre podía encontrar satisfacción admirando los variados hilos que forman el orbe. Había un dibujo -el más frecuente, bello y perfecto- según el cual el hombre nace, crece, se casa, trae hijos al mundo, trabaja para ganarse la vida y muere. Pero había otros, complicados y magníficos, en los cuales la felicidad no formaba parte de ellos y el triunfo no era alcanzado. Algunas vidas, como la de Hayward, eran interrumpidas cuando el dibujo se hallaba todavía incompleto, pero ahora se consolaba de ello, pues sabía que la cosa carecía de importancia. Otras, como la de Cronshaw, ofrecían un dibujo difícil de observar; era necesario cambiar de punto de vista y desterrar la vieja regla para encontrar justificación a una vida semejante.
Deterrando de sí su anhelo de felicidad, Philip pensó en desterrar asimismo su última ilusión. Su vida le había parecido horrenda cuando la medía pensando en la felicidad, pero ahora le parecía poderla medir con otro rasero. La alegría importaba poco, lo mismo que el dolor. Uno y otra formaban parte, así como los demás detalles de la vida, de la composición del dibujo. Por un instante le pareció estar por encima de las vicisitudes de su existencia y pensó que éstas no podrían atormentarle ya como antes. Cualquier accidente que ahora le ocurriera no significaría para él otra cosa que un movitvo más que añadir a la complejidad del dibujo. Cuando llegar al fin, experimentaría regocijo en verlo completo. Aquel dibujo sería una obra de arte, no menos bella por el hecho de que él solamente conociera su existencia. Y con su muerte dejaría de existir.
Philip era feliz.

Capítulo CVI. Servidumbre humana. W. Somerset Maugham